Salí del baño, por cierto que baño más grande y lujoso.
-
¿Quieres comer aquí?
-
Vale, me da igual.
-
¡Mama!
-
¿Qué?
-
Que comemos aquí.
-
¡Vale!
-
¿Tienes hambre?
-
No.
-
¿No?
-
No.
-
Pero si solo te has tomado un café a las siete,
y ya es la una y media.
-
Pero, no tengo hambre.
-
Ay madre, bueno voy fuera.
-
¿A qué?
-
A fumarme un cigarrillo.
-
Déjalo, no vallas.
-
¿Por qué?
-
Porque esta aprobado científicamente que quien
fuma puede tener cáncer de pulmón, muy fácilmente.
-
Ya a hablado la que estudió en un colegio de
ricos, déjame ir, necesito fumar, si no fumo no soy persona.
-
¡Qué no!
-
Por favor.
-
Ves, pero al mes que viene intenta dejarlo.
-
Vale… gracias.
-
Hasta luego, señora ¿le ayudo a hacer la comida?
-
¿Sabes cocinar tan joven?
-
Sí, mi madre me enseño cuando tenía diez añitos.
-
Que bien porque mi hijo no sabe cocinar nada.
-
Ya, me ayudó a hacer la cena y es un caos.
-
Le quería enseñar pero el no quiso, decía que
eso es para las mujeres.
-
Que mono. (nos reímos)
-
¿Dónde esta ahora?
-
Fuera, fumando.
-
Hay, el vicio que malo es.
-
Sí, si que es malo.
-
Yo le digo siempre que deje de fumar pero el es
muy cabezota y no lo deja.
-
No creo que lo deje aunque se lo digamos veinte
mil veces.
-
Pues no, no creo.
-
¿En que le puedo ayudar?
-
¿Puedes hacer la ensalada?
-
Sí, claro.
-
Gracias.
-
¿Y cómo era su hijo de pequeño?
-
Era serio, pero en cuanto podía te hacía una
trastada.
-
¿Quién no ha hecho tratadas de pequeño?
-
Pues no lo se. (Nos reímos)
-
La ensalada ya esta ¿le ayudo en otra cosa?
-
No, gracias lo demás ya esta, ves ha ver si
Gerard entra.
-
Pero, ¿no quiere que ponga la mesa?
-
No, tranquila ya la pone Mikey.
-
Es que me sabe mal.
-
A mi si que me sabe mal que la invitada ponga la
mesa.
-
Hombre, no es a si mujer, a mi si me sabe mal porque vengo aquí, coma y
no le ayude, eso es de tener poca vergüenza.
-
Tranquila, que me has ayudado a hacer la
ensalada, anda ves con Gerard.
-
¿Seguro?
-
Que sí ves con el.
-
Vale, pues ahora vengo.
-
Vale.
Salí de la casa, que jardín más grande todo verde, era
precioso, tenía un perro Duck, habían muchos pajaritos y Gerard tumbado en una
hamaca, fumando claro, tocando al perro y tirando le palitos.
-
Hola.
-
Ey, ¿cómo tu por aquí?
-
Pues que tu madre no me ha dejado poner la mesa
y me ha dicho que venga a buscarte.
-
Ah…
-
¿Vamos a comer?
-
Vale, pero sienta te cinco minutos.
-
¿Dónde?
-
Donde quieras, tienes el sillón, las sillas los
columpios, la…
-
¡Voy a los columpios!
-
Como una cría.
A mi me gustan mucho, de pequeña iba al parque por los columpios
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