lunes, 12 de septiembre de 2011

capitulo 30


Salí del baño, por cierto que baño más grande y lujoso.
-         ¿Quieres comer aquí?
-         Vale, me da igual.
-         ¡Mama!
-         ¿Qué?
-         Que comemos aquí.
-         ¡Vale!
-         ¿Tienes hambre?
-         No.
-         ¿No?
-         No.
-         Pero si solo te has tomado un café a las siete, y ya es la una y media.
-         Pero, no tengo hambre.
-         Ay madre, bueno voy fuera.
-         ¿A qué?
-         A fumarme un cigarrillo.
-         Déjalo, no vallas.
-         ¿Por qué?
-         Porque esta aprobado científicamente que quien fuma puede tener cáncer de pulmón, muy fácilmente.
-         Ya a hablado la que estudió en un colegio de ricos, déjame ir, necesito fumar, si no fumo no soy persona.
-         ¡Qué no!
-         Por favor.
-         Ves, pero al mes que viene intenta dejarlo.
-         Vale… gracias.
-         Hasta luego, señora ¿le ayudo a hacer la comida?
-         ¿Sabes cocinar tan joven?
-         Sí, mi madre me enseño cuando tenía diez añitos.
-         Que bien porque mi hijo no sabe cocinar nada.
-         Ya, me ayudó a hacer la cena y es un caos.
-         Le quería enseñar pero el no quiso, decía que eso es para las mujeres.
-         Que mono. (nos reímos)
-         ¿Dónde esta ahora?
-         Fuera, fumando.
-         Hay, el vicio que malo es.
-         Sí, si que es malo.
-         Yo le digo siempre que deje de fumar pero el es muy cabezota y no lo deja.
-         No creo que lo deje aunque se lo digamos veinte mil veces.
-         Pues no, no creo.
-         ¿En que le puedo ayudar?
-         ¿Puedes hacer la ensalada?
-         Sí, claro.
-         Gracias.
-         ¿Y cómo era su hijo de pequeño?
-         Era serio, pero en cuanto podía te hacía una trastada.
-         ¿Quién no ha hecho tratadas de pequeño?
-         Pues no lo se. (Nos reímos)
-         La ensalada ya esta ¿le ayudo en otra cosa?
-         No, gracias lo demás ya esta, ves ha ver si Gerard entra.
-         Pero, ¿no quiere que ponga la mesa?
-         No, tranquila ya la pone Mikey.
-         Es que me sabe mal.
-         A mi si que me sabe mal que la invitada ponga la mesa.
-         Hombre, no es a si mujer,  a mi si me sabe mal porque vengo aquí, coma y no le ayude, eso es de tener poca vergüenza.
-         Tranquila, que me has ayudado a hacer la ensalada, anda ves con Gerard.
-         ¿Seguro?
-         Que sí ves con el.
-         Vale, pues ahora vengo.
-         Vale.
Salí de la casa, que jardín más grande todo verde, era precioso, tenía un perro Duck, habían muchos pajaritos y Gerard tumbado en una hamaca, fumando claro, tocando al perro y tirando le palitos.
-         Hola.
-         Ey, ¿cómo tu por aquí?
-         Pues que tu madre no me ha dejado poner la mesa y me ha dicho que venga a buscarte.
-         Ah…
-         ¿Vamos a comer?
-         Vale, pero sienta te cinco minutos.
-         ¿Dónde?
-         Donde quieras, tienes el sillón, las sillas los columpios, la…
-         ¡Voy a los columpios!
-         Como una cría.
A mi me gustan mucho, de pequeña iba al parque por los columpios

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